Orar con las lecturas bíblicas del domingo

Fernando Allende

Una ayuda de Fernando para orar con las lecturas de las misas dominicales.

      Inauguramos esta página el 19 de enero. Hemos dado fin al cilco de Navidad. Comenzamos como que litúrgicamente llamamos el Tiempo Ordinario, y más concretamente, el Ciclo A de ese tiempo ordinario.

      Se trata, en principio, de una ayuda concebida para un grupo de personas reunidas al efecto.

      Pero no resulta nada difícil su acomodación en el caso de las personas que tengan que hacerlo solas.


Domingo 2º del tiempo ordinario

19 de enero de 2020

Domingo 2º T.O. Ciclo A.

19-I-2020

 

Ven a nosotros, Espíritu Santo y haznos comprender la palabra de esperanza de tus profetas de Israel, anunciando un “cielo nuevo y una tierra nueva”, y la palabra de Jesús de Nazaret insistiendo en que el Reino está entre nosotros, en nosotros.

Concédenos orar con perseverancia, acoger tu palabra y crecer en una esperanza consistente y activa, resistente a todo pesimismo y desánimo, fuerte para trabajar por una sociedad más justa según el corazón de Dios Padre.

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6

«Tú eres mi siervo (Israel) de quien estoy orgulloso.»
Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo,
para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, —tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza—:
Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

            Estamos en el llamado “segundo canto del siervo” y no podemos olvidar que todo texto bíblico es antes que nada una revelación de Dios sobre su proyecto, y aquí aparece claro: “para que mi salvación llegue hasta el confín de la tierra”, y el proyecto de Dios es un proyecto de salvación y de felicidad.

            La misión: en ti yo me glorificaré (¿) Es decir, en ti yo me manifestaré, seré reconocido. ¡Increíble, inaudito! Un hombre o un pueblo puede ser portador de la gloria de Dios, puede reflejar la luz de Dios. El Dios santo y transcendente es también el Dios cercano. Dios se hace próximo de tal manera que nosotros podemos llegar a ser, por nuestra parte, portadores de su propia luz.

            No está claro si este “siervo de Dios” es un personaje individual o colectivo. Luego el NT lo aplicará a Jesús.

            El proyecto de Dios es universal, quiere llegar a todos pero esto se realiza a través de un grupo concreto: El Señor me ha dicho, tú eres mi servidor, Israel, por ti yo manifestaré mi esplendor”. Grandeza y responsabilidad. Será luego los supervivientes de Israel el pequeño resto, quien recibirá el encargo de sostener a sus hermanos para reunirlos. Responsabilidad de Israel que se traspasa en responsabilidad para los creyentes, para los cristianos. Responsabilidad para nuestras comunidades que habrán de ser luz, y habrán de ser misioneras.

           

¿Estamos a la altura de la encomienda? ¿personal y eclesialmente? ¿Entendemos que tanto nos honró Dios? ¿Lo vemos como regalo, reconocimiento o como carga? ¿Entendemos que para ello el Señor es mi fuerza como dice el siervo?

Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab, 7-8a. 8b-9. 10

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
V/. Yo esperaba con ansia al Señor:
él se inclinó y escucho mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/
V/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/
V/. Como está escrito en mi libro: «para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/
V/. He proclamado tu salvación ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/

         Estamos ante un salmo de acción de gracias que llevará al salmista a una entrega confiada al Señor. Lo tenemos en singular mas se trata en realidad de un “sujeto colectivo”: el pueblo de Israel que canta su reconocimiento a Dios que en la historia tantas veces le “ha librado” y desde esta experiencia vivida tiene aliento para confiarle a Dios su futuro.

         Sería un salmo a usar en la liturgia sacrificial a la vez que anuncia la desaparición de los sacrificios que habían existido en la religión judía, al igual que en las religiones de la época. Con una diferencia: en Israel los sacrificios humanos, que los hubo, están prohibidos.

         El pueblo judío ha vivido un lento aprendizaje para pasar de una imagen de Dios que quiere sacrificios como ritos mágicos para contentar a los dioses (te doy para que me des) hasta descubrir, como dice Oseas “es el amor lo que yo quiero y no los sacrificios.

         El verdadero sacrificio (“hacer sagrado”) consiste no en matar nada sino en hacer vivir. Hacer vivir a los hermanos es la manera de acercarnos a Dios. Hasta llegar a hablar del “servicio a los hermanos” como el auténtico sacrificio; el auténtico sacrificio es una vida entregada para hacer vivir. El Señor nos ha abierto el oído para poder comprender que esto es lo que el salmista cuenta a la gran asamblea.

 

                ¿Cómo entendemos nosotros eso del sacarifico? ¿¿Entendemos entonces mejor eso de “aquí estoy para hacer tu voluntad?

 

Comienzo de la primera carta del Apóstol San Pablo a los cristianos de Corinto 1, 1-3

        Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo, por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que el llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo Señor nuestro y de ellos.
        La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros

 

         Pablo había estado en Corinto unos 18 meses en torno al 50-52 escribe ahora en torno a los años 55 esta carta a la comunidad cristiana que había levantado en medio de una ciudad caracterizada por el lujo a la vez que por enormes contrastes sociales. Y su comunidad reproduce esta situación y a raíz de los problemas planteados –los veremos los próximos domingos- Pablo les escribe.

         Y comienza la carta apelando a la “dignidad cristiana” de aquellos a los que se dirige, como buscando el recordándoles lo que son para que no caigan en actitudes indignas de su bautismo. Les saluda con enorme respeto pues ¡son “consagrados” que forman “el pueblo santo”, son gentes que han sido “llamados” por Dios!

         Ello son “La Iglesia de Dios”, “eklesia” es la asamblea llamada o convocada por Dios ¡y esta es su gloria!

         Son los que invocan el nombre del Señor, es decir, reconocen como Dios a Jesucristo a lo largo u ancho de la historia. Y este pueblo cristiano está llamado a ser en el mundo el germen de la humanidad nueva que será un día reunida en la paz alrededor de Jesucristo.

 

            ¿Nos entendemos como llamados por Jesucristo? ¿como su pueblo santo? ¿llamado a hacerle presente en la historia? ¿Nos anima reconocer nuestra identidad bautismal?

 

 

Lectura de la Buena Noticia de Jesucristo según Juan 1, 29-34

       

 Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: —Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero ha salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
—He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él.  Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

 

"El cordero de Dios". Juan sí interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con el sentido expiatorio de pagar un rescate por nosotros. Probablemente haría referencia al cordero pascual, que era para el judaísmo el signo de la liberación de Egipto. No tiene connotación sacrificial.  Jn quiere decir que por Cristo somos liberados de la esclavitud.

         “Que quita el pecado del mundo”. Es una frase que manifiesta una cristología muy elaborada. En ningún caso la pudo pronunciar Juan Bautista. Para nosotros es una frase muy interesante, que nos puede llevar a un descubrimiento de lo que aquellos primeros cristianos pensaban de Jesús como salvador. Esta teología no tiene nada que ver con la idea de rescate en la que después se deformó. El concepto de pecado en el AT debe ser el punto de partida para entender su significado en el NT. Los profetas arremeten contra el pecado de los dirigentes, que olvidándose de la Alianza, se erigen en señores que oprimen impunemente al pueblo y le obligan a servirlos a ellos en vez de servir a Dios.

         Ni en el AT ni en el NT se había desarrollado el concepto de pecado individual que manejamos nosotros. Hoy estamos en el otro extremo del péndulo; no tenemos conciencia de pecado colectivo, al mantener una injusticia que clama al cielo. En la frase que estamos comentando, “pecado”, tanto en griego como en latín, está en singular. No se refiere a los “pecados” individuales, tal como los entendemos hoy. En el evangelio de Jn, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que las fuerzas del mal causan al ser humano. Es lo único que impide al hombre desarrollarse como persona. Todos los demás pecados se reducen a éste: hacer daño al hombre de cualquier forma.

         El modo de “quitar” este pecado, no es una muerte expiatoria. Esta idea nos ha despistado durante siglos y nos ha impedido entrar en la verdadera dinámica de la salvación que Jesús ofrece. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. En ella hemos recuperado el mito ancestral del dios ofendido que exige la muerte del Hijo para satisfacer sus ansias de justicia. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano y justiciero que se porta como un tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba que Jesús vivió. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado.

         Jesús quitó el pecado del mundo escogiendo el camino del servicio, de la humildad, de la pobreza, de la entrega hasta la muerte. Esa actitud anula toda forma de dominio, por eso consigue la salvación total. Es el único camino para llegar a ser hombre auténtico. Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos abrió el camino de la salvación, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión, cogiéndoles por la solapa y diciéndoles: Eres libre, sé tú mismo, no dejes que nadie te destroce como ser humano; en tu verdadero ser, nadie podrá someterte si tú no te dejas. En aquel tiempo, esta opresión deshumanizadora era ejercida no solo por Roma sino por la casta sacerdotal y los letrados.

         Jesús vivió esta libertad durante su vida. Fue siempre libre. No se dejó avasallar ni por su familia, ni por las autoridades religiosas, ni por las autoridades civiles, ni por los guardianes de las Escrituras (letrados), ni por los guardianes de la Ley (fariseos). Tampoco se dejó manipular por sus amigos, que tenían objetivos muy distintos a los suyos (los Zebedeo, Pedro). Esta perspectiva no nos interesa porque nos obliga a estar en el mundo con la misma actitud que él estuvo; a vivir con la misma tensión que él vivió.

         No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Jesús quitó el pecado del mundo. Si de verdad quiero seguir a Jesús, tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Hoy Jesús no puede quitar la injusticia, somos nosotros los que tenemos que eliminarla. La religiosidad intimista, la perfección individualista, que se nos han propuesto como meta del camino espiritual, es una tergiversación del evangelio. Si no hacemos todo lo posible para que nadie sea oprimido, es que no me he enterado del mensaje de Jesús.

 

 

Para la reunión.

 

 

  1. Oramos juntos con la oración inicial
  2. Comentamos los diversos textos, tras leerlos, subrayando: a) las dificultades de comprensión, b) lo que nos resulta interesante y novedoso al comentarlas; c) aquello que nos ha “tocado el corazón”, nos ha “conmovido”.
  3. En qué nos parece que habría que insistir en la homilía del domingo en nuestra parroquia.