Domingos y Festivos

Un modo de oración: a partir del Evangelio del domingo correspondiente.

 

Para ello, de momento, vamos a ofrecer un material principal, que es el que aparece en esta misma página ORAR CON EL MUNDO OBRERO., junto con el primer enlace de la izquierda, de José Luis Iglesias. No son reflexiones sobre el Evangelio, sino ayudas parar orar desde el Evangelio. 

 

Se añaden otros tres enlaces, éstos sí como reflexiones; se Trata de las reflexiones de JA Pagola, JI Vara y R Bilbao.

 

No se trata de volverse loco ni mariposear por todas las "ofertas".



21 de febrero de 2021

21 de febrero

CONVERTÍOS, Y CREED EN EL EVANGELIO

 

ME DISPONGO A LA ORACIÓN CON ESTOS TEXTOS

La conversión de vida empieza exactamente en el momento en que uno le dice SÍ al Señor, con conciencia suficiente de lo que este SÍ significa, y a lo que se compromete. (Rovirosa. OC, T. II. 200)

No debemos temer, ni negar la evidencia de todo lo que en nosotros y en nuestras comunidades está afectado por la muerte y necesita conversión. Todo lo que, de mal, contradictorio, débil y frágil se manifiesta abiertamente nos recuerda aún más fuertemente la necesidad de morir a una forma de ser, de razonar y de actuar que no refleja el Evangelio.

(Francisco, Discurso a la Curia romana. 21 de diciembre de 2020)

 

Comienzo este tiempo de Cuaresma haciéndome consciente de la llamada a la conversión vital que resuena desde el principio. Necesito convertir mis ideas, mis sentimientos, mi mirada, mis juicios, mis prácticas…

 

ORACIÓN

 

Estoy aquí, Señor, pequeño y pobre,

arrepentido de mis silencios y endurecimientos,

de mis pecados de desamor,

de incredulidad y de desesperanza.

 

¿Cómo puedo hablarte?

He hablado por todas partes demasiado, y no siempre bien.

 

Me corresponde hacer silencio en tu presencia; y si ahora tomo la palabra es porque a pesar de mí mismo, escuchas mi clamor por los rechazados de la tierra:

Por los que buscan y no encuentran, llaman y no les abren.

Por quienes ven pisados sus derechos y su dignidad.

Por quienes no pueden creer en ti a causa de los creyentes de carné.

 

Por quienes sufren el escándalo de quienes llevamos tu nombre.

Por quienes no tienen a nadie que les hable de ti.

  

Tú que eres el amor ayúdanos a comprometernos desde ahora:

por la fraternidad cristiana que Jesús nos ha enseñado.

 

Para hacer llegar a la humanidad la fuerza de tu Espíritu.

 

Para transmitir la ternura de María de Nazaret,

mujer de fe y comprometida,

pobre y solidaria,

fiel y generosa

 

ESCUCHO LA PALABRA

Gen 9, 8-15: Establezco mi alianza con vosotros.

Sal 24, 4-5a.6.7cd.8-9: Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad.

1P 3, 18-22: Cristo sufrió su pasión para conduciros a Dios.

 

Mc 1, 12-15: Convertíos y creed en el Evangelio

A continuación, el Espíritu lo empujó al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Palabra del Señor

 

MEDITO Y CONTEMPLO

 

 ¿A dónde nos empuja a nosotros el Espíritu? ¿Cuáles son nuestros desiertos? ¿Qué fieras nos encontramos en ellos y qué ángeles nos sirven? ¿En qué situaciones de conflicto vivimos nuestro ser misión?

¿Dónde percibimos la cercanía del reino de Dios? ¿En qué vidas?

¿Cómo percibimos hoy la invitación a la conversión? ¿No será que nos hemos hecho sordos a ella? ¿creemos en el Evangelio?

 

Son muchas las preguntas que este evangelio me formula. Quizá no todas para responderlas ahora, aquí, en un momento. Quizá son las preguntas que, a lo largo de toda la cuaresma, tenga que formularme e intentar responder. Quizá tenga que hacerlo desde algunas convicciones básicas en las que sostener la andadura de esta Cuaresma.

 

El desierto es parte insoslayable de nuestra experiencia de fe. El desierto es soledad, espacio de tentación, pero también de encuentro. Nuestra vida es una mezcla de luces y sombras, de arideces y consuelos, de silencios y gritos, de lágrimas y júbilo, de soledades y encuentros, y nuestra experiencia de fe no se produce nunca al margen de la propia vida. En ella hay desiertos: tiempos y lugares en los que parece que no hay posibilidad de vida, pero desde los que somos conducidos -si queremos- hacia ella. También a esos tiempos y lugares nos empuja el Espíritu -siempre Espíritu de Vida- de Jesús. También en esos momentos, en esas experiencias por las que pasamos, somos acompañados y conducidos a la Vida. Por el desierto hay que pasar; pero el desierto no es lugar para instalarse.

 

Nuestra vida es conflicto como también lo fue la de Jesús. Comienza su misión “después que Juan fue entregado”. Se trata de ir caminando adelante en medio de las dificultades al tiempo que vamos sintiendo el entusiasmo del proyecto del Reino que se va abriendo camino. Se trata de ir descubriendo esas aberturas por las que la Vida se cuela.

 

La sensación de crisis de la pandemia continúa. El desánimo que provoca no ha desaparecido del todo. Quizá seguimos anclados en la nostalgia de un tiempo pasado. Quizá eso nos impide avanzar y cambiar. Al igual que en el desierto hay posibilidades de vida que se abren paso, en estos tiempos de crisis, se aventuran caminos a recorrer que nos impulsan a acoger la cercanía del Reino. Nuestra primera conversión debería ser a la posibilidad de descubrir y acoger los signos del reino, a descubrir y vivir la experiencia de que “solo Dios basta”.

 

Nuestra conversión pasa por la escucha de la voz de Dios en todas esas situaciones vitales, porque en todas ellas se pronuncia y resuena. Desde esa escucha y desde nuestra mirada encarnada podemos percibir los signos del Reino cercano. Y desde ahí sentirnos enviados -somos misión- a anunciar el Reino, a pedirlo, a construirlo, suscitando la esperanza de la fraternidad.

 

La fraternidad es fruto de la conversión, y nos lleva a la solidaridad. Como dice el papa Francisco: Es pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos. También es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero. […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia. (FT 116)

 

ORO

 

Padre. No puedo apartar la mirada

no quiero apartar la mirada

de las heridas de nuestro mundo.

 

Hay tantas, las conozco tan bien,

que puedo llegar a acostumbrarme

y verlas como una cosa natural.

Padre, no permitas que me acostumbre:

a tantos y tantos que, en las guerras

se matan los unos a los otros.

A tantas personas con la vida

rebajada y destrozada.

 

Al hambre y la pobreza que tenemos aquí

y a la que sufren pueblos enteros

  

A las mujeres y hombres discriminados

por el color de su piel, su origen, su lengua, sus ideas, su fe…

 

Padre, ¡todo podría ser tan diferente!

¡Ojalá que quienes tienen responsabilidad

cambien el corazón, la mente, la manera de actuar!

 

¡Ojalá, también, cada una de nosotras, cada uno de nosotros,

cambiemos y nos convirtamos al Evangelio!

 

¡Ojalá que los cristianos amemos la pobreza

y estemos dispuestos a vivir la vida buena!

 

Padre, te pido que se curen las heridas de nuestro mundo.

Que lleguen el cielo y la tierra nuevos.

Que no frustremos tu designio de salvación.

  

ACTÚO

 

La llamada inicial a la conversión en este comienzo de Cuaresma me pone ante mi proyecto de vida, ante mi ser y misión. Reviso mi proyecto. Me hago consciente de lo que tengo hecho vida y de lo que aún me falta. Me hago consciente de lo que he de seguir convirtiendo en mí, para volverme a Dios y a los hermanos y hermanas.

 

Concreto algún compromiso para empezar a recorrer ese camino de conversión