Opinión

Tomado de Religión digital

"Gracias, Casado, Arrimadas e Iglesias: habéis contribuido a poner de relieve que nuestra democracia es una pequeña filfa"

 

 

19.11.2020 José I. González Faus

 

Pues sí: gracias porque creo que habéis contribuido a poner de relieve que nuestra democracia es una pequeña filfa. Si ya parece oscura la separación de poderes entre el ejecutivo y el judicial, ahora aún parece más oscura esa separación entre el ejecutivo y el legislativo. Todo eso, a raíz de las críticas al gobierno por haber “pactado con Bildu” los dichosos presupuestos.

 

Dejemos estar la respuesta de otros al PP (que si no quieren que Bildu vote con el gobierno es porque quieren que vote con ellos, con lo cual son ellos los aliados de los “etarras”). Dejemos estar que hace ya diez años que ETA no existe ni mata y que es una vergüenza que Bildu sea incapaz de condenar sus crímenes (aunque tenga a su favor haber conseguido lo que antes todos pedían: sustituir el asesinato por la palestra política). Dejemos esa lógica nueva que oímos en el Congreso y que esgrime lo de “ETA mató a casi mil personas” como una razón para no aprobar los presupuestos; una lógica que Bruselas parece no entender, y los aprueba…

 

Dejemos estar todo eso. La cuestión es saber si Bildu apoya los presupuestos por su propia cuenta: porque le parecen buenos para el país, o si los apoya porque ha hecho alguna negociación con el gobierno para sacar algo a cambio. La primera es la versión “oficial”. La segunda es la versión de todos los varones “desleales” del PSOE. (Entre paréntesis: tiene gracia ver que aquel Alfonso Guerra que antaño decía que “quien se mueva no sale en la foto”; ahora se ha movido él precisamente para salir en la foto…). La tercera versión es que no ha pactado con todo el gobierno, pero sí con un Pablo Iglesias que se ha ido por su cuenta: aunque sea para conseguir algo bueno como es eso de los desahucios. Pero un buen fin no justifica una traición. Hay otras maneras de hacer las cosas.

 

Prescindiendo de todo eso, lo importante es que, los que creen que ha habido tal pacto, están poniendo de relieve sin querer, la falsedad de nuestra democracia y la dependencia total del legislativo respecto del ejecutivo: están poniendo de relieve que nuestro llamado Parlamento no es un sitio donde se va a eso: a “parlamentar”. Más “parlamento” habrá en la reunión del gobierno con patronal y sindicatos, que en nuestras Cortes. Porque parlamentar significa escuchar las razones y argumentos de unos y otros y luego votar en conciencia según lo que le hayan convencido esas razones. Nada de eso: aquí todos y cada uno votan lo que les diga su jefe; y el que no, se la carga.

 

Con este modo de funcionar, las sesiones y discursos del Parlamento son una hipocresía inútil: uno puede estar ausente, distraerse jugando con el móvil o conversando con el vecino sin atender a nada de lo que se dice porque ya sabe lo que tiene que votar. Aunque hablara el mismísimo Demóstenes nada cambiaría. Atender a los discursos del otro solo sirve para ver si se me ocurre una respuesta ingeniosa e hiriente que luego pueda salir en la prensa. Y estar en el Parlamento solo sirve para votar lo que ya me había dicho el Partido y para aplaudir más fuerte el discurso del propio jefe. Para nada más.

 

Y no digamos nada de la ley de educación que es la que ahora da material para esos aplausos y gritos. Prescindiendo de los valores o vicios que pueda tener la ley Celaa, lo incomprensible es que la ministra no se dé cuenta de que esa ley tiene una vida corta de 4 u 8 años (hasta que vuelva a gobernar el PP y vuelva a cambiarla). Volveremos a hacer un ridículo como el de Alemania cuando el 6-0. Con la diferencia de que Alemania hace el ridículo en fútbol y nosotros en educación: porque lo el pueblo necesita es una ley durable. Uno sueña, a lo Luther King, con un decreto-ley que dijera. Los parlamentarios no cobrarán ni un euro de su sueldo hasta que no consigan una ley estable de educación fruto del acuerdo entre todos.

 

Si las cosas son así, como parece que son, lo sensato y lo ético y lo lógico sería que el Parlamento (en lugar de 350) tenga solo unos 15 miembros, uno por cada partido, y que cada uno de esos parlamentarios pueda decir: “de acuerdo con las elecciones pasadas, mi voto vale por 93, o vale por 10, o por 13…”. Los demás “parlamentarios” elegidos no necesitan acudir para no hacer nada y cobrar por eso un sueldazo. Con lo cual, el Ejecutivo ser ahorraría unos pocos cuantos que podrían servir para pagar los ERTES, o ayudar a los autónomos o comprar vacunas o cosas así.

 

Por supuesto, toda esta crítica vale también para Pablo Iglesias, cuando procura que Ciudadanos no vote a favor de los presupuestos. Eso es admitir otra vez que el voto de ese partido no es fruto de una reflexión sobre los presupuestos sino de una negociación con el gobierno; y lo que él no quiere es esa negociación.

 

Si las cosas son así, queda patente que no estamos en una democracia, sino en una “oligocracia”: con elecciones, pero sin verdadera representación popular. Los partidos sustituyen al pueblo en lugar de representarle. Y la contraprueba de ello es que esta situación podría corregirse con solo que hubiera listas abiertas y se relajara seriamente la llamada “disciplina de partido”. Pero de estas dos reformas no quiere hablar ningún partido. Por algo será.

 

En fin: ¿lo quieren más claro? Pues lo siento pero, tal como está el planeta quizá no valga ya aquello de “más claro agua”.


Tomado del Blog Cristianisme i Justícia, de enero de 2020

IZQUIERDA “BRAHMÁNICA” (O CÓMO EL PSOE PODRÍA LLAMARSE PSBE: PARTIDO SOCIALISTA BURGUÉS ESPAÑOL)

J. I. González Faus. En su último libro, Capital e ideología, comenta Thomas Piketty un factor importante de nuestra historia económica. Los partidos considerados de izquierdas (socialistas, comunistas, laboristas o el demócrata de EEUU en los siglos XIX y XX) comenzaron teniendo su mayor número de votantes entre las clases más bajas. Al cabo de un tiempo esa mayoría de votantes pasó a estar entre los electores con más estudios. Parecía una evolución muy positiva; pero resultó que, poco a poco, esos partidos fueron abandonando sus reivindicaciones más sociales y aceptando el sistema capitalista. Piketty dice que se convirtieron en una izquierda “brahmánica”, con alusión a la riqueza e intolerancia de los brahmanes de la India.

 

Parece difícil negar que algo así ha sido también la trayectoria del PSOE. De ahí el cambio de siglas propuesto en el subtítulo (y conste que ya hace bastantes años propuse también leer sus siglas de este otro modo: Partido Secreto de las Organizaciones Empresariales). Veamos si no tres reflexiones.

 

1. Escala de valores. Hecho innegable es que las grandes demandas sociales (salud universal, vivienda universal, educación universal, salarios justos para todos…), que son las más urgentes y las más importantes[1], ocupan un lugar secundario en las luchas de ese partido. El esfuerzo mayor se lo llevan otras demandas que ya no son “sociales” en el sentido primero de la palabra (como cuando se hablaba de la todavía no resulta “cuestión social”) sino, en todo caso, “societarias”: porque son batallas internas de clases más acomodadas o bien instaladas en la sociedad; pero no tanto de las víctimas y los excluidos de ella. Son luchas civiles más que sociales: cadáver de Franco, aborto, eutanasia, lenguaje inclusivo, anticlericalismo, nacionalismos, pin parental…

 

No digo que esos no sean problemas. Lo son y hay que afrontarlos. Pero sí creo que son menos urgentes y menos importantes que las necesidades de las víctimas de nuestro sistema y, sobre todo, que no deben usarse para tranquilizar una presunta conciencia izquierdista y para creer que ellos solos ya garantizan un gobierno de progreso.

Piketty insiste además en que esa deformación de la izquierda en izquierda brahmánica es una de las causas de la actual crisis de la socialdemocracia, que le ha hecho perder buen número de votantes. A un lector de los evangelios, esa evolución puede evocarle las palabras de Jesús de Nazaret: no se puede meter vino nuevo en odres viejos, ni se pone un remiendo de paño nuevo en un tejido viejo, porque así no se hace más que dañar lo nuevo sin arreglar lo viejo (cf. Mc 2,21-22).

 

2. Excusas comprensibles. Y no es que no haya excusa para esa tibieza: tengo claro que en un sistema injusto (y además mundializado) quedan pocos márgenes para practicar la justicia. Lo que critico es que las izquierdas, en lugar de proclamar y criticar esa injusticia del sistema, acabaran aceptándolo. Y una vez aceptado, se prestó más atención a las demandas de quienes somos beneficiarios del sistema que a las de sus víctimas. Solo la amenaza ecológica se ha atrevido a proclamar claramente la injusticia del sistema y está moviendo a muchos a luchar por cambiarlo.

 

Aplaudo, por supuesto, la subida de ingresos para el trabajo. Pero ya veremos cómo reacciona el Capital que es quien manda aquí. Y si no, vean ustedes lo que pasa con la ley de reforma laboral cuya abolición plena se prometía en tiempos de campaña electoral y ahora, de repente, comienzan a aparecer los “matices” …

 

3. Lo que faltaba… Por si todo lo anterior fuera poco, hay otra lección de la historia que también tiene aplicación en esta desfiguración de la izquierda: he dicho a veces que a una causa buena se la perjudica más defendiéndola mal desde dentro que atacándola desde fuera: porque entonces se cae en ese nefasto fundamentalismo que ahora ha pasado del campo religioso (donde tanto daño hizo) al campo sociopolítico. Se puede perder así la otra virtud que, junto con el afán por la justicia social, debería ser característica de toda izquierda auténtica: la tolerancia y el respeto hacia el distinto y el adversario.

 

Porque hoy, si la izquierda se vuelve intolerante (“brahmánica” otra vez), contribuirá a fomentar el actual clima de crispación, y de convicción de que yo tengo toda la verdad y el de enfrente (que ahora ya no es adversario sino enemigo) no tiene más que la mentira total: con lo cual, a mí no me cabe crítica alguna y al “enemigo” no se le debe conceder nada. Así hemos llegado a esta hora histórica tan agresiva como maleducada.

 

Marx ya dijo que él no criticaba a los capitalistas como personas, sino como exponentes de un sistema injusto. Hoy, como todos hemos aceptado el sistema, nos vemos impelidos a criticar a los rivales como personas y, con ello, buscamos siempre solo la victoria y nunca el acuerdo. Pero una verdadera izquierda nunca diría (como oí por la radio el pasado lunes) que “el señor Abascal no tiene formación, ni información ni educación” y que le llamaba señor porque ella sí que es educada… He aquí una nueva forma de fundamentalismo que desautoriza la causa que defiende.

 

Así llegamos a esa extraña afirmación de nuestra vicepresidenta: “los hijos no son de ninguna manera propiedad de sus padres”. Las palabras subrayadas son una barbaridad que daña a la causa que quiere defender. Casi obligan a su autora a dirigirse otra vez a la Real Academia de la Lengua para pedir que se corrija la expresión “mis hijos” y que solo se pueda decir “los hijos” (e hijas, por supuesto).

 

Pues no: los hijos son una propiedad de la que los padres han de saber irse desprendiendo poco a poco, hasta llegar a darles la plena libertad. Y algo parecido hay que decir de la sociedad (no del estado) que, analógicamente, es también como una madre que ha de ir preparando a sus hijos para que lleguen a la auténtica libertad adulta. Y ha de hacerlo sacando de ellos (o educiendo = educando) lo mejor que tienen, para que lleguen al mejor desarrollo posible de su ser personal.

 

Será fácil tratar de refutarme diciendo que estoy defendiendo al señor Abascal. Pues no: si se trataba de refutar al señor Abascal era mucho más sencillo y más eficaz mostrar que los videos que presenta Vox en favor de su presunta “corrupción de menores” son totalmente falsos, o mostrar lo que se hace en otros países, en vez de decirle que sus hijos no son “de ninguna manera” suyos…. Porque eso es una manera de darle razón sin querer.

Insisto en este punto porque creo que esta hora histórica tan crispada, y que ha convertido los insultos en argumentos, reclama un esfuerzo serio de “respeto al enemigo” (ya que no somos capaces de amarlo, como pide el evangelio de Jesús). Si convertimos la política en una pelea barriobajera, acabaremos despolitizando a la ciudadanía, que es una de las cosas que más busca el sistema. Como contaba St. Zweig, las grandes guerras nunca han nacido de golpe y hasta poco antes de estallar parecían imposibles. Pero el lento proceso de corrupción de nuestro respeto a lo humano, acaba haciendo que un día estallen y sigan sacando lo peor de todos nosotros.

 

4. En resumen: hoy la izquierda está llamada a ser, además de radicalmente socialista, profundamente tolerante. Muy difícil, por supuesto, porque todos tendemos a lo más fácil. Pero es la única manera de hacer un verdadero servicio a nuestra historia humana.

Y estas pobres líneas quisieran advertir más que criticar. Porque los afectados oirán muchas más voces y gritos en dirección contraria.

 

***

 

[1] Véanse si no estas palabras del mismo Piketty: “Una sociedad justa deber basarse en una lógica de acceso universal a los bienes fundamentales de la salud, la educación, el empleo, las relaciones salariales…“ (p. 1168).


Los necesitamos

Koldo Campos

Periodista. Radio Popular

 

El artículo trece de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice textualmente: toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.

 

¿Acaso existe ahora mismo algún país que viva con desahogo que suscriba este artículo? Pues evidentemente no. Desde luego no en el que nosotros estamos. Invierten mucho en impedir que entren los migrantes aunque luego políticamente se les llene la boca de declaraciones. Lo cierto es que Europa está blindada en una jaula de oro y lo que hace es externalizar las fronteras, y dejar en manos por ejemplo de organizaciones privadas el que puedan sacar de las aguas aquellos que naufragan. Estamos hablando de las costas de África, donde al final allí se compran voluntades, subcontratando Gobiernos, como el libio por ejemplo, para que hagan de vigilantes de la playa; cosa que tampoco llegan a hacer porque aquel es un país fallido

 

El barómetro de Ikuspegi indica que en Euskadi no percibimos a los inmigrantes como un problema, sino como una solución; y en buena medida porque tenemos una visión utilitarista de la inmigración: porque vienen a cubrir nuestras vacantes de empleo; porque hacen lo que nosotros no haríamos, o no hacemos, o no dejaríamos que hicieran nuestros hijos; o porque tienen que venir a inyectar liquidez a nuestro sistema de pensiones. Ahora ha tocado con una hucha que suena a cántaro vacío

 

Pero con todo, tenemos un problema porque Euskadi, por ejemplo, tiene que incorporar 200.000 inmigrantes más en las próximas décadas. Es lo que dicen los empresarios. Para cubrir así todo lo que va a haber de jubilaciones y que se avecinan a medio plazo. Todo si queremos mantener los niveles de ocupación, que bueno ya veremos, pero se tienen que acercar al millón de personas. Vamos que necesitamos trabajadores, trabajadores inmigrantes, para lograr un reequilibrio entre lapoblación activa ocupada y el número de pensionistas

 

¿Qué es lo que ocurre? Que no vienen trabajadores; vienen personas; vienen personas que tienen derechos, que tienen necesidades; y eso parece que ya a algunos no acaba de convencerles mucho.  Y menos cuando por ejemplo esas personas vienen sin contrato de trabajo.  Ha habido una gran mayoría de ciudadanos, ya estamos con el cincuenta y dos por ciento, que dicen que cuando vengan tienen que venir precisamente con papeles. ¿Cuál es el problema? Que en muchos lugares no se pueden conseguir ese tipo de papeles. Que la desesperación es tal, que no se pueden sacar esos papeles, pues vienen de zonas de conflicto, o de donde lo que hacen es huir literalmente. Y por lo tanto vienen sin papeles

 

Al final, nos gustaría también…; cuando están entre nosotros hablamos de una política asimilacionista, queremos  que se integren          en nuestra cultura, etc, y en muchos casos piden hasta que abandonen sus creencias y sus comportamientos. Vamos que nos gustaría que esos trabajadores que vienen estuvieran robotizados, que una vez acabada la jornada laboral  tuvieran un interruptor y pudiéramos apagarlos

 

Pero eso no es posible. Por eso luego surgen las tensiones de convivencia, surgen los prejuicios, y de eso tenemos para parar un tren. Entonces nos inventamos argumentos que sustenten nuestros etnocentrismo, o para ser más preciso, nuestro estúpido egoísmo. Como necesitar mano de obra parece que vamos a necesitar, pues ahí estamos enredando; y cuando llegan las reflexiones, pues ante las quejas, al final nos queda alguna como que no son de aquí por ejemplo. Pero es que tampoco muchos de nosotros eh, porque quizás hemos olvidado de donde vienen nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros bisabuelos y demás ancestros; muchos fueron migrantes; y los que no se movieron pues medraron también directa o indirectamente gracias a los inmigrantes.

 

 

Esta es la historia de nuestra vida la historia que debemos asumir y asimilar