Jesús y la mujer

La mujer en tiempo de Jesús

"No había lugar para las mujeres en el mundo en que vivió Jesús. Legalmente era prohibido que pisaran el Templo de Jerusalén y solamente podían entrar hasta el atrio de las mujeres, un espacio separado para ellas, y en las sinagogas debían permanecer también en un espacio separado. Lo cual se explica por su no pertenencia al pueblo judío, comoquiera que la circuncisión era el signo de pertenencia. Tampoco podían sentarse a los pies de un maestro –como se decía de los discípulos– para estudiar la Torá y ni siquiera podían aprender a leer. Su lugar en el mundo judío –el mundo que se refleja en las parábolas que contaba Jesús– era la casa y su estatus social era exclusivamente como esposa y madre. Además, según las leyes de pureza, las mujeres eran consideradas impuras y un judío no debía dirigirles la palabra en público, motivo por el cual se extrañaron los discípulos de Jesús cuando lo encontraron junto al pozo hablando con una mujer de Samaría. Como también más de uno debía extrañarse de que admitiera mujeres en su compañía, que aceptara que lo siguieran –que se hicieran discípulas suyas–, rompiendo el tratado de límites de la sociedad patriarcal en la que él vivió, prácticas estas que se prolongaron en la vida de las comunidades neotestamentarias en las que las mujeres ejercieron funciones de liderazgo y servicio." (desde "¿Ordenación de mujeres?: Un aporte al debate desde la eclesiología de Vaticano II y la teología feminista latinoamericana" de Isabel Corpas de Posada)