Zorionak eta urte berri on!

Felicitación de Navidad

 

Herodes, burlado. Mala leche, el zorro, y alcohol borboteándole por las orejas. Olor de mujer abusada y sudor. Obedeció a su compulsión: ¡aguadañad todo crío y cría! ¡no quede brizna de recién parido, en toda la paramera!

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Se salvó el Niño, de momento, defendido por la guardia real, la que fabrica el arma más contundente (metralletas y subfusiles de ternura) desde dentro de sí mismos: una madre traspasada por el rayo del sueño que le trascendía y por el que vivió desde poco y en adelante; un padre transparentado por tan honda ternura como la de su esposa; los más pobres y tenidos por peores, que pastoreaban acordando silbidos…,  ordeñaban ovejas… y producían queso entrelazando manos… Cada uno de estos y otros personajes intensando el dorado de la escena de un recién nacido, EL NIÑO.

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Mira que si es Niña, decía una vecina no tan despistada. ¡Es Niño!, dijo José sin esperar ni preguntas ni discusión.

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Herodes, año tras año, lo ha seguido intentando. Y esta noche. Desde la Escritura y la trillada hermenéutica de entonces. Hoy con lo primero de la Biblia, pero subido a lo más alto de la tecnología.

 

Herodes se ha adelantado a todos los curiosos, los nuevos magos, las viejas tradiciones, los, aunque escasos, como digo, todavía curiosos. Y ha poblado el cielo de estrellas, y ha repartido lentes para verlas, y traído a la vista de hoy incluso cuantos astros han ido muriendo a lo largo de millones de años luz. Tanta distancia de años luz, que hasta ha inventado los agujeros negros que hacen todavía más espacioso el universo de la luz. Todo para confundir a cuantos pudieran, buscar, quizás, de nuevo, la dichosa Estrella.

 

Y ríe, y prepara alacenas de bebidas generosas y graciosas para acrecer su griterío hasta una carcajada olímpica desde hoy, noche tras noche, con bailarinas, zorros, borrachos y ambiciosos de poder hasta el 6 del próximo enero. ¡Que elijan ahora los nobel de oriente entre las miríadas existentes la estrella de Belén! Repite sarcástico, como digo, a gritos.

 

Herodes ha prolongado su cálculo hasta el límite. Sabe que no apagó la Estrella, que la Estrella existe. Y que puede volver. Y guiar. A incautos, que no lo fueron aquellos primeros viajeros de Oriente. O a visionarios mejor preparados. A unos y otros les resultará imposible localizarla.

 

Zorro de nacimiento y perversión, para ello, plagó de nuevas estrellas artificiales no sólo el universo cielo, sino el planeta entero. Lo ha probado con uno, otro y otro satélite: la Tierra entera está cegada de luces. No, no sólo el sol y la luna… Encuentra la vista humana mayor número de luces en la tierra que en el cielo: luces de carbón, de cera, de aceite, de lámpara, de led, de focos rebobinados… Para confundir a la Estrella. Está seguro que en esta ocasión la Estrella de Oriente que regrese, no acertará sobre qué punto posar.

 

Y más; ha multiplicado hasta tal punto los pobres, los niños y niñas pobres, en tantos países, en todos, llenos de gracia pero desgraciados, que la Estrella no sabrá sobre quién dirigir el canto de los ángeles, según él. Aquel predestinado como rey de Israel no nacerá.

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Preparaos. Esta madrugada, de nuevo, Herodes va a ser burlado.

 

Cuantos os acerquéis a “Belén”, a su “belén”, a cualquiera de los belenes multiplicados, y os dejéis enternecer; y veáis en el Niño lo que Dios ve, una persona con rostro y nombre sufriente, humano, ella y el primogénito en uno; incluso si desde esa fe ves en el Niño lo que cuando a ti misma contemplas en tu espejo…: ábrete a la felicidad más honda, insospechada, ríe, llora, llora sin parar.

 

Eso sí, elige un regalo. Sólo entre los que el Niño admite. Y ofréceselo. A sabiendas de que lo va aceptar. Ofrécete a ti misma, a ti mismo, único regalo que le sabe a teta, requesón, almíbar…

 

ZORIONAK, porque burlaste a Herodes 19, seguiste la Estrella y te has dejado hallar. Al  NIÑO, le has encontrado.

 

24 de diciembre de 2019