Juan Ignacio Vara comenta el Evangelio

El DNI de Jesús

19 de enero de 2020

Teología de bolsillo

El DNI de Jesús

Juan Ignacio Vara

Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel." Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios." (Juan 1, 29-34)

 

¡Y nosotros que teníamos tan claro, días atrás, quién era el niñito nacido en los alrededores de Belén! ¡Si nos lo habían certificado los ángeles de Dios y hasta el viejo Simeón se había puesto a cantar como Pavarotti, porque llegó a conocer al Salvador! Pues la liturgia pasa página del niño, sus contornos y la poesía de Lucas y nos pone frente a preguntas: ¿se escondió por Nazaret el niño que se hizo grande o se había asustado tras de lo que empezó a descubrir después de “perderse” en el templo al comenzar su adolescencia? Más allá de los datos del Registro Civil, estas semanas vamos a buscar el DNI de Jesús-Salvador, que es lo que inquietaba al Bautista.

 

Uno intuye que algo muy grande está en los textos y, a la vez, es consciente de no pertenecer al grupo para el que se escribieron y que está obligado a hacer el esfuerzo por comprender… lo que, ni entonces ni ahora, puede expresarse en conceptos, mal que les pese a los redactores de catecismos y a algunos teólogos que en la historia han sido.La inquietud comienza con Juan el Bautista y es el otro Juan quien escribe lo que leemos hoy: 1, 29-34. El Bautista sentía que la esperanza de siglos se hacía carne e historia y creía ver cercano el fuego en que se fundían las espadas para hacer arados. Pero, ¿quién era ese esperado que presidiría los tiempos últimos? ¿Podía esconderse si tenía una tarea tan enorme por hacer?

 

Hasta que una tarde, cuando un muchachón galileo se bautizó como otros muchos, Juan notó que su corazón se hizo arrítmico a ritmo de cumbia, porque vio algo así como una paloma que se posaba sobre el joven y sintió que toda la creación se puso encamino hacia algo nuevo. ¡Por fin!, se dijo Juan, ya no tendré que soportar más a los que pretenden mesianizarme y ahora toca presentar a Israel a este joven… que, por cierto, a la vista, no es nadie especial.

 

“Ahí tenéis al cordero de Dios que quita el pecado del mundo… él es superior a mí, porque existía antes que yo… ni yo mismo sabía quién era […] y, como he visto al Espíritu bajar y permanecer sobre él, por eso testifico que este es el Hijo de Dios”. ¡Qué andanada de teología, Señor, envasada en expresiones que no forman parte de nuestra cultura, ¡que ahora no hay corderos para los sacrificios ni palomas que aleteen en las ceremonias de los bautizos parroquiales!

 

Ni Juanes con barba de meses que truenen con su mensaje de conversión. Pero síhay profetas de Dios. ¿Por qué dicen lo que dicen y hacen lo que hacen? Ellos contestan que tratan de seguir a Jesús, porque la historia se enferma de vacío y de falta de ilusiones que merezcan la pena. Andan por ahí otros que dicen ser sus discípulos, pero el Espíritu del que hablan es triste y burocrático. A veces, se han quedado sin vino en sus comidas porque los odres en que lo guardan se les han apolillado. Ahora tienen un piloto que invita a seguir derivas que apuntan al joven que Juan bautizó… y ahí anda el hombre, sorteando zancadillas y urdiendo esperanzas…

 

 

¿Qué mesías hay que descubrir hoy en Jesús o su Iglesia, cuando estamos de vuelta de tantos mesianismos low cost? El que ponga en ascuas a los pequeños y no se convierta en bandera de nada que no sea humano. El que nos lleve a vivir como si mañana fuera el tiempo final para nuestras posibilidades de amar. El de la cruz y la resurrección de cada mujer y hombre. El de la vida.Está en su DNI. Buenos días.


La segunda epifanía

12 de enero de 2020

Teología de bolsillo

La segunda epifanía

Juan Ignacio Vara

 

Fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: "Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?" Jesús le contestó: "Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere." Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: "Este es mi hijo, el amado, mi predilecto." (Mateo 3, 13-17)

 

Una semana atrás, celebrábamos “la epifanía” de Dios hecho niño a todas las gentes capaces de seguir su estrella. Luego, en los textos evangélicos, no hay ninguna otra “epifanía” del niño, salvo una pequeñita, cuando se quedó por el templo, asistiendo a los cursillos de sus doctores, que solo cuenta Lucas. Pero hay otra “gran epifanía” de Jesús, ya adulto-joven, que estuvo siempre en la dinámica de aquellas primeras comunidades,recogida en los cuatro evangelios, con pequeñas variantes de detalle. Hoy la leemos en Mateo. Esta manifestación de Jesús viene avalada, no por estrellas o ángeles del cielo, sino por el mismo Padre Dios, cuya voz escucharon quienes estaban en la zona del Jordán donde Juan bautizaba: “Este es mi hijo, el amado, mi predilecto”. El evangelista se atreve a contar que Jesús vivió una experiencia singular, pues vio al Espíritu de Dios en forma de paloma que se posaba sobre él. O sea: para Jesús también hubo una “epifanía” que marcaría su vida joven en adelante.

 

Porque ahí recibió seguramente la fuerza para decidirse “a cumplir lo que Dios quiere”. El Bautista quería que Jesús lo bautizara a él; era su lógica. Juan esperaba un Mesías capaz de “ajustar cuentas” a todo el mundo antes del definitivo juicio de Dios. Por lo que sabemos, las dudas sobre Jesús lo persiguieron hasta cuando, al final de su vida, Herodes lo metió preso. Porque la pregunta clave es: ¿qué es lo que Dios quería y quiere?

 

En el corazón de Jesús había ido instalándose la convicción de que el Padre Dios quería otra cosa. Que él no fuera ajustador de cuentas con nadie, sino que saliera a los caminos, se encontrara con la gente y la sanara de sus cegueras, sorderas y cojeras de todo tipo, que se sentara a comer en el mercado y con quienes, habiendo descubierto la alegría del Reino, lo invitaran a su casa. Y no es que el Padre no aceptara lo que Juan hacía… pero el Espíritu no se había manifestado hasta el momento en que Jesús salió de las aguas del Jordán y se fue a la orilla, donde estaban los que eran carne, como él, en la que el Espíritu iba a trabajar duro para hacerla capaz de divinizarse.

 

¿Qué es lo que Dios quiere hoy de nosotros? Porque esta es la cuestión radical de nuestra fe.Nuestros bautismos son, teológicamente, sacramentos, aunque habría que ver lo que eso significa en la vida real de las comunidades. Estas deberían preguntarse si, cuando bautizan, es para que se cumpla lo que Dios quiere o para seguir la tradición familiar o reunir a la familia en una fiesta… a la que Dios asiste, por supuesto, pero muchas veces tan de incógnito que nadie se acuerda ni de saludarlo…  Claro que, en las estadísticas, ya tenemos “un católico más”. Como si eso fuera lo más importante.

  

En las formas más variopintas, el Espíritu se posa en nuestras vidas y quiere anidar en ellas. Para que se cumpla toda justicia, cuando las personas nos apretemos en el abrazo de Dios. Quizá haya que esperar al otro lado… pero, bautizados, debemos ensayarlo, cada día, desde ahora, aquí. Buenos días.


Magos 2020: hay plazas libres

5 de enero de 2020

Teología de bolsillo

Magos 2020: hay plazas libres

Juan Ignacio Vara

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel"". Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: "Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo". Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. (Mateo 2, 1-12)

 

¡Qué señores, los Magos! Entran en el relato de la infancia de la pluma de Mateo. Cuando todo lo que tiene que ver con Jesús se centra en Belén, va nuestro evangelista y ¡zas!, rompe el color israelita del acontecimiento mesiánico con la llegada de estos señores, que no sabemos cuántos eran, ni de qué sitios del Oriente exactamente procedían… ¡Valientes los Magos, sin GPS ni satélites!Hasta aquí, en el relato de Mateo, la comunicación entre Dios y las personas que colaboran en el nacimiento de Jesús, se hace mediante ángeles, como en la mejor tradición literaria bíblica… y/o en sueños, que es otra forma de mensajear, no solo en la Biblia, sino en otras variadas culturas. Pues ahora… nada de ángeles de Dios, sino de estrellas de Dios, que no hablan, pero sí comunican. Estrellas que acaban llevando a la gente al mismo lugar al que apuntaban los ángeles. El mismo Dios, distintos mensajeros. El mismo mensaje, respuesta comprometida desde la vida de cada cual, en su circunstancia concreta.

 

El tiempo ha ido poniendo mucha imaginación en estos relatos. Los magos algún día se hicieron reyes, tres exactamente y uno de piel morena, para que en las cabalgatas se los distinguiera bien. Hasta nombre les hemos puesto y, para muchos de nosotros, cambiaron el oro, el incienso y la mirra por los muñecos y los balones que nuestros padres nos regalaban en su nombre y que ahora se han cambiado por teléfonos móviles y barbies de alta gama. Mateo no estaba para esas alegrías. Él cuenta que esos magos, no hijos de la promesa a Israel, siguiendo a la estrella, llegaron al corazón de Israel buscado a su rey… y se encontraron con Herodes.

 

Con él y el resto de poderosos: sumos sacerdotes del templo, doctores de la ley, jefes de la policía… ¡y nadie sabía nada de ningún rey nacido poco ha, y nadie recordaba que el profeta había anunciado que nacería en Belén! Los magos, que eran sabios, vieron enseguida la deriva de aquel loco y gran constructor que fue Herodes. Aun así, se pusieron en marcha y,camino de Belén, otra vez la estrella haciendo de GPS. Y llegaron, ¡cómo no iban a hacerlo!,para besar al Niño, a su madre y abrazar a José, que nunca hubiera imaginado ver a unos señores tan elegantes en su chabola.

 

Puestos a destilar teología de este precioso relato, nos llega mucha luz: los caminos para llegar a Jesús son diversos, ninguno es exclusivo; los comunicadores de parte de Dios también son diferentes y ninguno tiene la exclusiva del mensaje. Herodes los ha habido, los hay y los habrá siempre. Algunos no llegan ni a Herodes, y se quedan en Heroditos o en Arquelaos, igual de locos que su padre. Hay que tener mucho cuidado con ellos… porque sonríen y luego matan.

 

 

Quizá andamos hoy con pocas reservas de esperanza… porque hay pocos magos dispuestos a escuchar a las estrellas y pocos creyentes dispuestos a abrirse al ángel-Palabra. Sobran plazas de magos, en igualdad de género. ¿Quién se anima? Porque estrellas titilando… sigue habiendo infinitas y ángeles sexuados que andan por la calle, casi infinitos también. Y niños que salvar de los Herodes, Heroditos o Arquelaos… tristemente, también infinitos. Buenos días.


Aquella -y otras- sagradas familias

29 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

Aquella -y otras- sagradas familias

Juan Ignacio Vara

 

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo." José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: "Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto". Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: "Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño." Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero, al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Y, avisado en sueños, se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los profetas, que se llamaría Nazareno. (Mt 2, 13-15;19-23)

 

Tan multiplicada en cuadros y estampas, la mayoría idílicas. En algunas, hasta han incorporado a un Juan (luego el Bautista) bien cuidadito, que juega con Jesús, bajo la mirada amorosa y vigilante de María y José. Como si la vida se hubiera detenido para que les hagan la foto. Era la imaginación popular sintiendo los personajes que poblaron la Navidad. Quienes redactaron los evangelios no siguieron esa dirección. Sitúan a Jesús en el contexto de una familia, sí, pero una familia “normal” que, según Mateo, comenzó siendo emigrante a la fuerza. Claro que, para escribir eso, también se necesitaba imaginación.

 

La Iglesia celebra la fiesta de “la” Sagrada Familia en el último domingo del año. Como recordando que la Palabra, que “dejó” su familia trinitaria en el cielo, se insertó en una familia de mujeres y hombres en la historia humana, porque no se puede ser persona sin pertenencia a una familia. Claro que el concepto sociológico de familia ha cambiado lo suyo. Perohace 20 siglos y en el contexto judío, familia eran mamá y papá más los hijos y los parientes cercanos. Y en una así vivió Jesús. Que la Iglesia coloque el artículo determinado “la” al conjunto de María, José y Jesús no significa que las otras familias no sean asimismo sagradas (habitadas por Dios), sino una forma de destacar que, para la fe, aquel trío escondía un misterio y una revelación.

 

Lo más sensato para un adulto lector de los evangelios, es pensar que la familia en la que crecióJesús era una de tantas como había en la pequeña población de Nazaret y que el niño se fue desarrollando según los usos, costumbres religiosas y las posibilidades educacionales y laborales a su alcance. El evangelista Mateo dramatiza los comienzos de esta familia, amenazada por la locura del viejo Herodes, que obliga a José a emigrar a Egipto. Más adelante, cuando se enteró de que Herodes había muerto, José decide regresar a Judea, pero “al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea, como sucesor de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá. Avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret”. (Un lector despabilado caerá en la cuenta de que Mateo y Lucas no coinciden en los detalles).

 

Los personajes del relato siguen en la misma onda en la que los conocimos de cara a la Navidad: van y vienen movidos por lo que descubren como proyecto de Dios. Aunque en el texto se habla de ángeles que comunican de parte de Dios, uno puede pensar hoy que el Padre nos habla a través de los “signos de los tiempos”, uno de los cuales se llama Francisco, otro valentía y otro… podría ser el sentido común, expresión, tantas veces, de sabiduría.

 

 

Hoy nos preocupa el que se nos haya ido abajo la familia única que conocimos por siglos. Sigue siendo verdad que, en una familia, integrada de muy diversas formas, siguen creciendo los niños y de ellas recibirán los valores que los preparen para vivir. De ello se desprende que, en las comunidades cristianas, las familias reales, con sus ilusiones y sus serios problemas, deben ser una prioridad. “La” Sagrada Familia siempre será un horizonte al que mirar, más allá de lo idílico de las estampitas. Buenos días.


Navidad sin Jesús

25 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

NAVIDAD SIN JESÚS

Juan Ignacio Vara

 

 

Las estadísticas hablan por sí solas: de 7.500 millones de habitantes del planeta, solo el 30% son cristianos. Tendríamos que reconocer que,al 70%, no le dice nada el nacimiento de un niño al que llamaron Jesús. Sin embargo, conocen lo que en los países “cristianos” se organiza cuando llega Navidad.Y lo conocen, porque participan comercialmente en la jarana navideña. Para comenzar, muchísimos “niños-Jesús” se fabrican en China y viajan a los “nacimientos” de todo el mundo en compañía de Josés, Marías, Reyes, bueyes, mulas, angelillos y ovejas de diversos tamaños. Otros fabricantes, de culturas no tradicionalmente cristianas, surten a los almacenes de ropas y complementos para esos días de “espíritu navideño”. ¿Y Jesús?

 

Quedan países en los que el Niño Jesús sigue siendo una buena noticia para la chavalería, porque él es quien les trae regalos, analógicos o digitales. Pero en muchos ha sido sustituido -y lo mismo les ha pasado a los Magos- por intermediarios más o menos laicos. Como dicen que Jesús es un niño-bandera de una religión, ha sido marginado, hasta como villancico o figurita, de los espacios públicos, para que la gente menuda no se “ideologice” tendenciosamente.

 

La Navidad, sociológicamente hablando, ha pasado a ser una de las épocas-pico del comercio y de la gastronomía más o menos familiar. Es un fenómeno de tales dimensiones que necesita ampliar su calendario en black Fridays o similares, no sea que sobren rebajas de felicidad. Sin amargarnos ni un poco, aceptemos que Jesús no juega en este partido y que, más bien, puede hasta morir prematuramente aplastado entre tanta navidad de minúsculas ilusiones.

 

Sencillamente, han ido cambiando las culturas y, lo que mayoritariamente viene, apunta a cielos distintos de los de él, de abrazos para todos, vecinos o lejanos. Al amor le cuesta amanecer, con el sol, cada mañana y la pelea es por agarrar una parte en la torta de la felicidad, sin mirar a quienes no pueden llegar ni a ver la torta. Al Jesús de verdad no creo que le importe mucho que su nombre haya perdido puntos en la clasificación navideña si, con el “espíritu navideño”, se hubieran abierto más puertas a la esperanza para todos. Porque, mal que les pese a algunos, él no fue, al nacer, un niño-bandera de ninguna religión, y luego se encargó de desmantelar, en lo que pudo, la locura de todos los que pretendían ser dueños en exclusiva de Dios.

 

Creyentes que vivimosen medio de navidades civiles sin Jesús, podríamos recogernos en nuestra propia y misteriosa gruta de ser personas y releer los relatos bíblicos. En la primera Navidad, ¿quiénes se enteraron? La madre-muchacha que lo parió, su pareja y las abuelas y abuelos que debieron andar cerca, los viajeros sin hotel que compartieron campo y noche, cuatro pastores que corrieron como lunas desnortadas y los bichos que siempre duermen en los campos y son amigos de las estrellas. Todos los demás: Herodes rey, los sabios intérpretes de la Biblia, los sacerdotes del templísimo de Jerusalén, los soldados romanos invasores de aquellas tierras, los posaderos, taberneros y gentes de la vida alegre que se habían reunido para el censo, los comerciantes que pagaban impuestos y los publicanos que se los cobraban… ninguno se enteró.

 

 

Así que, en vez de llorar porque Jesús se nos ha perdido entra tanta cosa, vamos a cantarle en la alegría de la mesa familiar, recordando a quienes ya se fueron a encontrarlo para siempre y a quienes lo buscan sin saber su nombre… y vamos a celebrar que un día nació y se hizo grande y quenace cada día en nosotros y en todos los que aman hasta dolerles el corazón. Si, además, somos capaces de hacer de nuestras vidas un villancico, Navidad será cualquier día del año, en cualquier mes, en cualquier vida. ¡Feliz Pascua!


Desde la fe de Mateo

22 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

Desde la fe de Mateo

Juan Ignacio Vara

 

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"." Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer. Y, sin haber mantenido relaciones, María dio a luz un hijo, al cual llamó Jesús (Mateo, 1, 18-25)

 

Del nacimiento de Jesús solo nos hablan dos evangelistas, que ya creían en el Jesús resucitado: Lucas y Mateo. Lucas, al redactar “su navidad”, pone en el texto su fe y su poesía y, a más de Jesús, es María la que da un calor y un color especial al relato. Mateopone su fe de cristiano que viene de raíces judías, en relacionar al niño que nace de María con las esperanzas atávicas de su pueblo. En el relato de Mateo, es José quien pone el color, pues es el “hombre justo” que hace la voluntad de Dios por encima de su desconcierto frente a los acontecimientos. Hoy, la liturgia nos entrega el texto de Mateo, que no rehúye el conflicto que provoca ese niño “que viene del Espíritu Santo”.

 

Desde los ojos de cualquier humano, esa criatura llega “fuera de la Ley”, arrastrando con ella a su madre y a quien la había desposado. Josédecide por el lado que la ley le permitía, a fin de no poner a su novia en manos de un juez. Y ahí entra el ángel que, como en Lucas, es uno del equipo de comunicación del cielo con las gentes de la tierra. José, no vas a entender nada, pero la cosa es así: ese niño está atravesado de divinidad; tendrás que creerme. Le llamarás Jesús “porque él salvará al pueblo de sus pecados”.

 

Y ahora habla Mateo para sus lectores primeros: esto pasó “para que se cumpliese lo que Dios había dicho por el Profeta”, que se refería a un niño que nacería en tiempos del rey Acaz, al que llamarían Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. Así sintetiza el evangelista su fe: el pequeño de María y Josésalvaría a Israel de sus pecados y sería siempre el Dios con nosotros; por algo el evangelio de Mateo finaliza con aquello de que “yo estaré con vosotros hasta el final” (28, 20).

 

En la barahúnda en que se ha convertido el existir en 2019, acercarse hoy al evangelio invita a preguntar a José cómo se cocina esa “justicia” que nos abra a la voluntad del Dios-Padre, apoyados en el Jesús-Dios-con-nosotros, que nunca fue el triunfador que algunos esperaron ni será el triunfador histórico que algunos desearían. Como él, descubriremos que es una gracia-regalo y que hay que volver, con él, a casa, llevando al misterio escondido en una madre, hasta que nazca… y dándole los instrumentos para que crezca aprendiendo a ser hombre… que lo de ser Dios ya se lo sabía.

 

Los cristianos somos las Marías y los Josés de estos tiempos digitales, llamados, por el niño que creció hasta resucitar, a que sembremos en nuestras circunstancias concretas que no somos huérfanos de Padre-Madre. Aquella pareja, que abrió su libertad a la luz del Espíritu y la hizo vida en sus vidas… nos enseñará el camino que lleva hasta Belén. Que hagamos la marcha abrazados y alegres. Y que cada corazón se haga un villancico. Buenos, buenísimos días.


Espera, no de esperar, sino de esperanza

15 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

Espera, no de esperar, sino de esperanza.

Juan Ignacio Vara

 

Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?" Jesús les respondió: "Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!" Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: "¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él." (Mateo 11, 2-11) 

 

La liturgia de la Iglesia, en este tiempo de Adviento, como que se “obsesiona” con la “venida inminente” del Hijo del hombre, ya sea como afirmación de futuro o como pregunta. Los textos neotestamentarios se escribieron cuando algunos “esperaban” en el tiempo esa llegada. No caigamos en la sonrisa complaciente; eran sus tiempos y en esos tiempos creían que se verificaría una intervención de Dios o del Hijo de Hombre en su historia. Hoy, los creyentes estamos obligados a pensar y creer desde la concepción del universo que poco a poco vamos conociendo, desde un sentido del tiempo en que este universo evoluciona y, dentro de él, también la especie humana. Hoy, ya no esperamos una llegada de Dios como se espera la llegada de un familiar en el aeropuerto. Hoy, la pregunta seria es de dónde colgar nuestra esperanza en que Dios no nos ha dejado… aunque no vendrá, porque nunca se ha ido.

 

El texto de Mateo que compartimos nos ayuda, a siglos de distancia. Nada menos que Juan el Bautista se hace también la pregunta de muchos, porque era de los que esperaban algo o alguien que “ya” estaba por llegar. ¿Se habría equivocado él predicando proféticamente? Quizá recordó la tarde en que un mocetón galileo se había bautizado en el Jordán… y algo original y originante había sobrevolado, por lo menos, sobre algunos corazones. Juan manda a preguntar porque quiere una mínima certeza y necesita que alguien le cuente los “signos” del joven Jesús, a quien la gente considera profeta.

 

Este no les larga una respuesta académica, plagada de textos bíblicos, para que Juan descanse tranquilo. Hechos, pura historia: díganle lo que han visto, lo que sucede; no es mayoritario, pero sucede. Seguro que Juan entenderá. Y añadan esta postdata: “Y dichoso el que no se escandalice de mí”. También lo entenderá. Según el evangelista, cuando los emisarios de Juan se marcharon, Jesús “consagra” a Juan como el profeta previsto en el plan de Dios, como el hombre más grande nacido de mujer… y añade: “aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”. Ahí queda eso, para que repasemos nuestra regla de cálculo de grandezas.

 

Jesús no curó a todos los ciegos ni a todos los lisiados ni resucitó a todos los muertos, ni comió con todos los aplastados por la vida. Pero en esos hechos-signo estamos llamados a descubrir la llegada-presencia del Dios, que es padre y nos quiere. Esas manifestaciones de la vida que llega se dan a diario en las familias, los hospitales, las escuelas, los laboratorios, en las comunidades de personas que aman sin pedir pasaportes, en todas las personas que “cuidan” de otras personas, en quienes se quedan -o los dejan- afónicos por defender derechos… Son signos de que el reino ya es y actúa.¿Que no ganamos la pelea a nivel macro? Jesús tampoco la ganó. Y aquí estamos, como Juan, haciéndonos preguntas y, como Jesús, con las respuestas. Dios, el Padre de él y nuestro, ya es entre nosotros. Buenos días.


María de Nazaret, Inmaculada

8 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

María de Nazaret, Inmaculada

Juan Ignacio Vara

 

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».  Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin».  María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?». El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».  María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó. (Lucas 1, 26-38)

 

Este año, la fiesta de La Inmaculada se impone a la liturgia del segundo domingo de adviento. Es que María de Nazaret siempre es sorprendente aunque, de tan traída y llevada por fiestas, obras de arte y catecismos, es posible que nos hayamos “acostumbrado” a “la Virgen”, con toda la carga de teología que le hemos puesto encima y hayamos perdido un poco de vista a “la Madre”, a esa mujer concreta llamada María, crecida en un pueblito galileo, casada con un joven judío llamado José, a la que “conocemos” por los textos neotestamentarios y que, de alguna manera, ha encontrado en el corazón del pueblo cristiano de a pie un rincón para un pequeño altarfamiliar.

 

La fiesta de hoy nos dice que María de Nazaret fue librada del llamado pecado original, que no sabemos muy bien qué es; como a nosotros nos dijeron siempre que nuestro pecado original se quitaba el día del bautizo, de pequeños concluíamos que a “la Virgen María” no la tuvieron que bautizar. Es tanta la hermosura de esta mujer-mamá de Jesús-Madre de Jesucristo-Madre de los amigos de su Hijo, que le han ido cayendo encima advocaciones admirables, definiciones dogmáticas y muchas veces han sido los artistas del pincel y la pluma quienes se han acercado mejor a lo que su persona fue y es; gracias a ellos la poesía y la gracia femeninas han mantenido una cierta presencia necesaria en la fe de esta Iglesia, con riesgo de acartonarse.

 

María de Nazaret, con el paso de los años, se me ha ido haciendo una hermosa María de los silencios, porque de silencios creyentes está tejida la persona-personaje que nos entregan los escritos de las primeras comunidades, en las que ella participó. Pablo ni la menciona. Marcos solo en 3,31; 6,3, en la angustia familiar de pensar que Jesús estaba “fuera de sí”; Mateo en los dos primeros capítulos, referentes a la infancia de Jesús. Lucas nos entrega una María de Nazaret libre para aceptar lo que entiende que procede de Dios, decidida para ir a echar una mano a otra mujer de su familia, religiosa creyente en un Dios solidario y preocupado por los pequeños, responsable de su familia y bien fajada para decir a su hijo adolescente que eso de tomar decisiones en secreto, no se hace…Y luego, silencio. En Lucas ni siquiera asoma en la resurrección del hijo. Pero, en su segundo libro, la recupera, reunida con sus nuevos “hijos”, orando a la espera, otra vez, del Espíritu…Juan, el teólogo Juan, nunca dice su nombre.En su texto,Jesús la llama “mujer”, lo mismo en la boda Caná que en esa otra boda con su vino-sangre en la Cruz Allí el hijo-hijo establece una nueva maternidad para ella y una nueva filiación para el discípulo. Pero María no dice nada. Está atravesada por la fe más que por la circunstancia. Y al cielo tuvo que irse para acabar de comprender qué misterio vivía en su Jesús.

 

 

Hoy, que tratamos de repensar y ojalá que de retomar el lugar de la mujer en la comunidad eclesial, es hermoso recordar, una vez más, a esta mujer nazaretana que, seguro, más de una vez se manchó con el vino tinto que sacaba para José y su Jesús y, ya cincuentañera, con el aceite que usaba en la cocina cuando, con las otras Marías y Salomé, preparaban la merienda para la comunidad de los nuevos hijos. Máculas en la ropa de esta mujer, con un corazón inmaculado. Buenos días.


¿Tienes puesto el despertador?

1 de diciembre de 2019

Teología de bolsillo

¿Tienes puesto el despertador?

Juan Ignacio Vara

 

Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por lo tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. (Mateo 24, 37-44)

 

 Nuevo año “litúrgico”:primer domingo “de Adviento”. Traducido: “del estar viniendo”. ¿Quién o qué?Una encuesta a pie de calle nos diría que ya viene la Navidad, que por algo los ayuntamientos presupuestan millones de luces led, los centros comerciales se llenan de estrellitas, papás Noël, renos, angelitos y, en las parroquias, se desempolvan las antiguas figuras de los “nacimientos”.  Ahora, la mayoría de los “niños Jesús” low cost son producidos en un país que, oficialmente, es ateísimo. Para animar el consumo, se han inventado los Black Friday y otras estrategias mercantiles, en inglés, que apuntan a un Merry Christmas que, en serio, no tiene nada que ver con el “advenimiento” del que habla el evangelio de hoy.

 

Tampoco es para ponerse, en plan militante, a luchar contra el hecho social de que la Navidad “civil” se haya apoderado de la calle, de los centros comerciales, de las billeteras, de las escuelas y colegios públicos, de los menús de las comidas de empresa o de la fantasía de muchos niños. Quienes leamos estas líneas y cuantas y cuantos creemos que Dios quiso hacerse historia en nuestra historia y que no ha dejado de estar en ella, porque seguimos participando de su Vida, tenemos en nuestra fe una razón fuerte para celebrar en comunidad aquello que no se puede comprar, pero que sí se puede regalar. Sin pretender que, quien no lee la vida desde la óptica del que nació, como todos, llorando al respirar y llenando de ternura a quienes lo esperaban, encuentre sentido a nuestros villancicos, a nuestras eucaristías y, sobre todos, a nuestras actitudes en el cotidiano vivir.

 

Estrenamos nuevo año con el evangelio de Mateo que, más allá de lo que significó para sus primeros lectores, sigue hincándonos la urgencia de estar despiertos, porque el Hijo del Hombre está llegando en cada momento de nuestro vivir y nuestra esperanza se apoya en creer que lo encontramos en todo lo que aportemos para construir el Reino de su Padre y el nuestro.Vistas así las cosas, es verdad que esta “venida” no tiene hora de reloj, - sí la tuvo el nacimiento de Jesús-, como tampoco la tiene su resurrección, que es la Pascua que se da la mano con esta de Navidad; solo que, puestos a celebrarlas en nuestro tiempo, las tenemos que ubicar en meses diferentes.

 

Seguro que María llevaría consigo el saquillo con todo lo necesario para cuando el bebé llegara; seguro que José y quienes lo ayudaron, barrerían como mejor pudieron aquella sala de partos improvisada; seguro que las estrellas, si sucedió por la noche, estuvieron listas para manejar el tráfico en el cosmos; seguro que los famosos pastores se olvidaron de las alpargatas por llegar a tiempo y contar sus maravillas… y seguro que todos, mientras la chavalilla recién frutecida meditaba todo aquello en su corazón, se dieron un abrazo que podemos prolongar hasta hoy. (Si hay niños en casa, contadles la verdad: el Niño Jesús es la razón más bella para un beso y un abrazo en forma). Buenos días.