Juan Ignacio Vara comenta el Evangelio

Esperar... ¿a quién, cuándo, dónde'

29 de noviembre de 2020

Teología de bolsillo

Esperar… ¿a quién, cuándo, dónde?

Juan Ignacio Vara

 

Dijo Jesús sus discípulos: "Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!" (Marcos 13, 33-37)

 

Algún día ya no habrá “ciclos litúrgicos”, porque “veremos el rostro de Dios y cantaremos su misericordia”. Mientras tanto, empalmamos la tensión de Mateo por la llegada final del Hijo del hombre con la llamada a mantenernos en vela que hoy nos hace Marcos. ¿Qué sentido tiene en 2020 este grito del evangelio?

 

Me temo que la pura palabra “Adviento”, no diga mucho a mis hermanos de fe. Nosotros ya sabemos qué es lo que sucedió hace 2020 años y que el niño que nació, lo hizo para crecer, no para quedarse en bebé, recibiendo besos de los niñosgrandes de todos los siglos. Sabemos su “historia” y no parece que lo más importante para él fuera celebrar sus cumpleaños. Se la pasó invitando a sus amigos, entonces y ahora, a embarcarse en la tarea del Reino del Padre, que fue su propia tarea. Nunca nos dijo qué día ni a qué hora iba a reventar en fruto la esperanza de toda la creación y más nos animó a ejercer de levadura, alegres de ser arbustos para los pájaros cansados en su vuelo hacia la felicidad.

 

La Navidad litúrgica tiene fecha fija. Seguro que las familias tienen también previstos los festejos con sabor a villancico, muy recortados este año por el Covid 19. Para dar de comer, ofrecer un vaso de agua, vestir a quien anda medio desnudo, compartir el tiempo con los solos o los enfermos, visitar a los presos sin hacer preguntas, ofrecer alojamiento a quien se hiela en media calle o en medio Mediterráneo o Atlántico, para eso, nunca hay una hora fija, porque todas las horas son tiempo del Reino y, en todos los momentos, el niño-que-nació-para-que-viviéramos es una realidad entre nosotros.

Entre tanta Navidad de ruidos y luces municipales, puede pasarnos que se nos va el santo al cielo cuando celebramos que el Santo dejó el cielo para hacerse tierra. Se trata de esperar lo que el evangelio de Marcos dice desde el comienzo (1, 15): “El Reino está viniendo”. Que celebremos en la Navidad y cada día del año la posibilidad de hacer un mundo diferente… porque Dios decidió hacerse gente como tú y yo. Y, desde entonces, hasta los peces en el río tienen algo en qué esperar porque toda la creación, pero es que toda, terminará por encontrar su sentido. 

Porque él siempre está viniendo. Preguntádselo a María. Buenos días.